Hubo un hombre hace 2500 años que nació príncipe, su nombre era Siddharta Gautama.  Exento de responsabilidades y preocupaciones, disfrutaba cómodamente de la vida en palacio. Un buen día se escapó de ese entorno desprovisto de sufrimiento para explorar lo que había más allá. Entonces vio el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, descubrió que la gente sufría. En ese momento decidió abandonarlo todo y dedicarse a investigar la causa del sufrimiento, para ello utilizó la meditación como herramienta. A la edad de 35 años despertó, llegó a una comprensión completa del origen del sufrimiento y cómo erradicarlo. Pasó el resto de su vida enseñando lo que había descubierto. Fue apodado Buda, que significa “el iluminado”.

Auto-observaciónBuda descubrió que el origen del sufrimiento proviene de la ignorancia sobre los procesos con los que opera nuestra mente. Desde el momento en que nacemos nos exponemos al mundo exterior. Nos enseñan de qué está compuesto todo lo que vemos, cómo relacionarnos con los demás, a controlar y manipular todos los elementos con los que entramos en contacto, etc. En definitiva, se nos enseña cómo funciona el mundo en el que vivimos. Ahora bien, ¿se te ha explicado qué es la mente, de qué está compuesto un pensamiento o una emoción? ¿Se te ha enseñado a relacionarte contigo mismo, a controlar o manipular todo lo que surge en tu conciencia? Estamos igual de expuestos a nuestro mundo interior, sólo que nadie nos enseñó cómo funciona esto.

Nuestra mente es un filtro por el que pasa toda la información que recibimos de los órganos de los sentidos. Un filtro que distorsiona, percibe de una determinada forma la realidad tal cual es. Estas modificaciones que hace nuestra mente pasan desapercibidas a no ser que las observemos intencionadamente, a no ser que les prestemos atención. Veamos algunos ejemplos de mecanismos que nos generan sufrimiento, con los que operamos habitualmente.

Nos identificamos con los pensamientos y emociones que experimentamos. Alguien te insulta, reaccionas enfadándote y devolviéndole más insultos o te pones triste. La realidad de esta situación es que una persona ha hecho vibrar sus cuerdas vocales, produciendo un movimiento en el aire en forma de ondas que llegan a tus oídos. Antes de reaccionar automáticamente al entorno para, respira, observa tus sensaciones. Si haces esto te darás cuenta de que esa persona está sufriendo y que reaccionar con ira aumentará su sufrimiento y el tuyo. Los pensamientos no son la realidad, sino interpretaciones de esta. Tú no eres tus emociones, sino quien tiene constancia de estas. No actúes con ira, simplemente observa cómo se expresa en tu cuerpo en forma de sensaciones y acompaña a la persona en su sufrimiento.

Vivimos anticipándonos, construyendo mentalmente cómo nos gustaría o cómo debería ser la realidad, esto es tener expectativas. Sufrimos porque no ocurre lo que esperábamos, o porque ocurre algo que no era lo esperado. La ansiedad es un miedo anticipatorio a un evento futuro, inexistente, puesto que solo existe este momento. Si habitas el presente y no te anticipas a los acontecimientos no hay sufrimiento por el devenir. Estamos continuamente condicionando la experiencia en vez de vivirla tal y como es. No esperes nada, y todo será bienvenido.

Interpretamos y juzgamos lo que ocurre como bueno o malo, reaccionando con alegría o tristeza respectivamente. Toda experiencia es una oportunidad para aprender y las cosas no son siempre lo que aparentan a primera vista. Un buen ejemplo de ello es la fábula del campesino chino -véase al final del artículo-.

Nos apegamos a todo aquello que nos produce placer, buscamos volver a experimentarlo una y otra vez o mantenerlo para siempre. Tratamos de evitar todo lo que nos produce displacer, no aceptamos aquello que no nos agrada. Todo lo que tiene en su naturaleza el aparecer, inevitablemente terminará desapareciendo. Todo lo que nace, muere. Es la ley de la naturaleza, es la ley de la impermanencia. Es natural que nos duela cuando fallece un ser querido, no obstante: Dolor x Resistencia = Sufrimiento. Aceptación no es sinónimo de resignación. Aceptación es no oponer resistencia al transcurso de los acontecimientos, a la realidad tal cual es. En esta vida todo llega y todo pasa.

El Buda nació y murió, y lo hizo difundiendo sus enseñanzas cognitivas a millones de personas. Sorprendentemente hoy en día somos tan afortunados de tener acceso a estas enseñanzas, a las prácticas mediante las cuales podemos ser conscientes del funcionamiento de nuestra mente. Mindfulness es una herramienta universal, no teísta,  que proviene de la psicología budista y te permite comenzar a recorrer tu propio camino de liberación del sufrimiento. Podemos dejar de ser personas desdichadas y comenzar a vivir plenamente. Nosce te ipsum – “conócete a ti mismo”.

 

-Fábula del campesino chino-

2 Comments

  • 11 abril, 2015 at 23:57 · REPLY

    Muy bien explicado.

    Dan ganas de seguir avanzando en el conocimiento interior. ¡¡Gracias por tus enseñanzas una vez más !!

  • 12 abril, 2015 at 21:17 · REPLY

    Buen post. Deberíamos aprender también a desapegarnos de todo y disfrutar de nuestras emociones. Un saludo

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