Mindfulness y fibromialgia

Mindfulness y fibromialgia

Al inicio de las intervenciones de mindfulness con pacientes de fibromialgia, la enfermedad se hace notar. Se percibe como un muro inquebrantable que bloquea a quien la padece. En cuanto aparece en tu vida no puedes evitar darte de bruces una y otra vez, haciéndote daño, aumentando la rigidez y la frustración. La incapacidad te hace empequeñecer, ante un muro cada vez mayor cuya sombra se apodera de tu bienestar, permeando la totalidad del ser, tornándose el protagonista tirano de tu vida.

Con el transcurso de las sesiones vamos tomando consciencia del cuerpo, permaneciendo con las sensaciones sin  tratar de evitarlas. Con la respiración como fiel aliada, se comienza a abandonar la resistencia a lo que sucede en la experiencia. La tensión corporal y la agitación mental van amainando, para dar espacio a la relajación y la serenidad. La sombra pierde terreno progresivamente y el pensamiento, antes envenenado por la enfermedad, va vislumbrando con mayor claridad. La luz de la consciencia alimentada por la práctica atencional permite sentir calidez, la vitalidad y el ánimo florecen.

En el último tramo del programa se respira otro ambiente. El buen humor, el trato amable, el brillo en las miradas, el entusiasmo, la energía y las sonrisas han destituido al victimismo inicial. En palabras de las participantes:

– “Me ha permitido mirar a la cara a mi enfermedad, quitarme el dolor psíquico. Tener más energía y mejorar mucho psicológicamente.”

– “Siento más paz, tranquilidad, silencio interior, así como poder controlar mi dolor.”

– “Menor estrés, me es más fácil buscar soluciones a los problemas. Me he quitado pastillas de vértigos y otras. Desvío más fácilmente la atención del dolor”.

– “Aprender a relajarme, y con esto llego a aliviar el dolor y mentalmente más viva, mejor humor, más contenta”.

– “Paciencia, empatía, serenidad, tolerancia, calma. Me ha servido para trabajar el dolor y poder ayudarme a controlarlo”.

 – Victoria Carmona, presidenta de Fibroparla y participante en una de las intervenciones de mindfulness llevadas a cabo en la asociación:

“Ya había tenido previamente algún contacto con mindfulness o atención plena, conocía los beneficios de esta práctica en la vida diaria. Así que decidí que sería una buena terapia para mejorar nuestra calidad de vida y la  acogida fue estupenda. Después, haciendo el curso y practicando con nuestro maestro Darío, nos hemos dado cuenta de la calma y tranquilidad que aporta el mindfulness a nuestra vida; de cómo silencia nuestras señales de dolor y calma nuestra mente cuando va a más revoluciones de la cuenta, ya que esto nos hace elevar nuestro sistema de alerta y con ello aumenta el dolor. Dispuestas a que el dolor esté menos presente en nuestra mente cada día de nuestra vida, la práctica de la atención plena nos acompañará en este sinuoso camino.”

Retazos de una mente despierta

Retazos de una mente despierta

La presencia se apodera del Ser y entonces se ve con claridad. La mente silente manifiesta su naturaleza original. Tan solo una consciencia que da cuenta de los fenómenos que acontecen. La realidad se presenta tal y como es, sin distorsión, sin filtro. No hay interpretación posible, pues la mente vacua, no conceptual, percibe pero no opina. A nada se aferra. Sin aversión, carente de deseo observa y deja pasar.

Una profunda comprensión de que este instante es todo lo que hay. La realidad se limita a lo que entra en el campo de la conciencia. No hay ningún otro espacio. No hay ningún otro momento. Aquí y ahora, todo está aconteciendo. Entonces no hay más elección posible, o habitar el instante con la luz de la consciencia o sencillamente no estar. Ahí reside el libre albedrío. Nada que aceptar. Tan solo abandonarse al devenir de la experiencia asumiendo la responsabilidad de un vivir consciente.

Y en esa quietud, en esa consciencia sin esfuerzo que todo lo abarca se percibe la belleza. Haciendo de lo ordinario extraordinario. Entonces todo es perfecto y bello tal y como está. Nada que cambiar. Y al permitirse ser embriagado por los colores y las formas, la alegría sin objeto que acompaña la percepción ecuánime se convierte en Amor. Una intensa emoción que ha estado ahí en todo momento se descubre y comienza a desbordarse bañando cada átomo de vida. La consciencia, antes aislada ahora unificada con el todo y se pierden los límites del Ser. Todo es uno.

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Todo lo que te ocurre tiene un sentido, te invito a conocerlo

Todo lo que te ocurre tiene un sentido, te invito a conocerlo

welcome_to_reality¿Por qué a mí? No me lo puedo creer. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?” Quizás te resulte familiar alguna de estas expresiones. Es probable que en algún momento hayan aparecido por tu mente. La vida no es un camino de rosas, o sí, solo que algunas veces te pinchas disfrutando de su dulce aroma.

El ser humano posee una increíble habilidad para centrarse en lo negativo. Véase el siguiente ejemplo:

– ¡Cariño nos han regalado un coche!

– ¡Que alegría! Veo que es rojo. Mmm. Sabes que el rojo es un color que no me gusta nada. Ya te podrían haber regalado un coche de otro color. Pues vaya, para una vez que nos toca algo…

La mente tiende a categorizar todo lo que percibe como agradable, desagradable o neutro. Dependiendo de la categoría en la que hayamos clasificado un objeto o experiencia, nuestra respuesta será de deseo, evitación o indiferencia, respectivamente. Es decir, nuestro comportamiento está plenamente determinado por nuestra interpretación de la realidad.

Ahora bien, nada es lo que parece. Las cosas no son buenas o malas en sí mismas. Una persona puede morir, y como consecuencia haber alguien que se sienta triste por su pérdida y alguien que se alegre de su muerte. Puede ser un fastidio para ti el hecho de que esta tarde llueva, y a su vez un milagro para un agricultor. Tú eres el arquitecto de tu propia realidad. Tu mente decide cómo te sientes, a partir de cómo interpreta lo que ocurre.

43e39040Permíteme mostrarte otra perspectiva. Vamos a suponer que las cosas simplemente son. Digamos que eso que te está ocurriendo no es ni bueno ni malo, sino que es una maravillosa oportunidad que la vida te está regalando para aprender. Puedes invertir toda tu energía en resistirte a lo que te está ocurriendo y preguntarte ¿por qué a mí?, o puedes elegir crecer junto a esa experiencia y hacerte más fuerte.

La vida me ha enseñado a estar profundamente agradecido a las experiencias difíciles, ya que personalmente, es cuando más se aprende. La vida es mucho más amplia que aprobar o suspender un examen, que se te rompa el móvil o que te deje tu pareja. Porque vivir la enfermedad, la discapacidad o la muerte de un ser querido te permite valorar aún más la vida.

Todo lo que te ocurre tiene un sentido para ti, mucho más profundo de lo que parece a priori. Aprende a ver las oportunidades que se despliegan ante ti. Cuando una puerta se cierra no te estés dando cabezazos contra ella una y otra vez. No existe otra realidad en la que no esté ocurriendo eso que te desagrada. En esta vida todo llega y todo pasa, la sabiduría reside en la oportunidad de aprender de todo ello.

 

LA FELICIDAD ESTÁ AQUÍ

LA FELICIDAD ESTÁ AQUÍ

Incrementa la productividadNos pasamos la vida intentando alcanzar metas, esforzándonos por conseguir objetivos cuya consecución supuestamente nos dará la felicidad. A estas alturas ya habrás comprobado que esto no funciona exactamente así. Seré feliz cuando me regalen el coche teledirigido, cuando acabe la selectividad, cuando consiga trabajo, casa propia, pareja e hijos, la tele grande, cuando mis hijos acaben los estudios, cuando encuentren trabajo… ¿ves por dónde voy? Estamos constantemente proyectándonos al futuro.

Vivimos en un presente continuo, solo existe este momento. Nunca te vas a encontrar viviendo en pasado o en futuro, esos tiempos los experimentas a través del pensamiento. Por lo tanto, lo que estás viviendo ahora mismo es todo lo que hay. Todo lo que no se encuentre en tu experiencia del momento actual no está en ningún otro lugar, porque no existe ni otro tiempo ni otro espacio. En conclusión, si la felicidad no está aquí y ahora, no está en ningún sitio.

Si algo quieres conseguir, es que algo te falta. Si siempre estás buscando, siempre estarás incompleto. Tú eres un ser perfecto tal y como eres, lo que ocurre es que se te ha olvidado. O más bien, te han enseñado a necesitar tantas cosas que siempre habrá algo más por conseguir, algún sitio al que llegar o cierto estado que alcanzar.

Te propongo un cambio de paradigma. Sustituir objetivos por aspiraciones. Los objetivos hacen referencia a posibles estados futuros de todo o nada, es decir, o se consiguen o no se consiguen. Están mayormente relacionados con anhelos, placer, dinero, objetos materiales, reconocimiento, fama, etc. Una vez que se llega a ese estado -si se consigue alcanzar, claro- pierde su valor, ya que se desea lo que no se tiene, y entonces se quiere conseguir otra cosa. «Hacer» como un medio para conseguir algo, la importancia recae en el resultado.

Las aspiraciones se relacionan con los valores personales. Como por ejemplo el servicio a los demás, el arte, el ejercicio físico, viajar, las relaciones interpersonales, adquirir conocimiento, etc. Más que un lugar al que llegar, son una dirección en la que caminar. Son una guía, una orientación a seguir. Acciones que dan sentido a tu vida en el momento en el que las llevas a cabo. «Hacer» por el mismo placer de hacerlo. La importancia mora en el camino no en la meta, ya que no hay ningún lugar ni estado que alcanzar. Uno está completo en cada momento, no hay nada que cambiar.

Reflexiona sobre tus objetivos y metas actuales. Investiga el origen de éstas, la motivación que las sostiene. Si estás tratando de cubrir necesidades ficticias o sacrificando tu presente por un futuro mejor, esbozado en el espacio de tu mente. Busca dentro de ti lo que realmente valoras, lo que te hace sentir pleno y da sentido a tu vida. Comprueba si puedes comenzar a caminar ahora mismo en esa dirección. “Todo lo que no está aquí no está en ningún sitio” –extraído de un texto antiguo.

¿Por qué sufrimos cuando sufrimos?

¿Por qué sufrimos cuando sufrimos?

Hubo un hombre hace 2500 años que nació príncipe, su nombre era Siddharta Gautama.  Exento de responsabilidades y preocupaciones, disfrutaba cómodamente de la vida en palacio. Un buen día se escapó de ese entorno desprovisto de sufrimiento para explorar lo que había más allá. Entonces vio el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, descubrió que la gente sufría. En ese momento decidió abandonarlo todo y dedicarse a investigar la causa del sufrimiento, para ello utilizó la meditación como herramienta. A la edad de 35 años despertó, llegó a una comprensión completa del origen del sufrimiento y cómo erradicarlo. Pasó el resto de su vida enseñando lo que había descubierto. Fue apodado Buda, que significa “el iluminado”.

Auto-observaciónBuda descubrió que el origen del sufrimiento proviene de la ignorancia sobre los procesos con los que opera nuestra mente. Desde el momento en que nacemos nos exponemos al mundo exterior. Nos enseñan de qué está compuesto todo lo que vemos, cómo relacionarnos con los demás, a controlar y manipular todos los elementos con los que entramos en contacto, etc. En definitiva, se nos enseña cómo funciona el mundo en el que vivimos. Ahora bien, ¿se te ha explicado qué es la mente, de qué está compuesto un pensamiento o una emoción? ¿Se te ha enseñado a relacionarte contigo mismo, a controlar o manipular todo lo que surge en tu conciencia? Estamos igual de expuestos a nuestro mundo interior, sólo que nadie nos enseñó cómo funciona esto.

Nuestra mente es un filtro por el que pasa toda la información que recibimos de los órganos de los sentidos. Un filtro que distorsiona, percibe de una determinada forma la realidad tal cual es. Estas modificaciones que hace nuestra mente pasan desapercibidas a no ser que las observemos intencionadamente, a no ser que les prestemos atención. Veamos algunos ejemplos de mecanismos que nos generan sufrimiento, con los que operamos habitualmente.

Nos identificamos con los pensamientos y emociones que experimentamos. Alguien te insulta, reaccionas enfadándote y devolviéndole más insultos o te pones triste. La realidad de esta situación es que una persona ha hecho vibrar sus cuerdas vocales, produciendo un movimiento en el aire en forma de ondas que llegan a tus oídos. Antes de reaccionar automáticamente al entorno para, respira, observa tus sensaciones. Si haces esto te darás cuenta de que esa persona está sufriendo y que reaccionar con ira aumentará su sufrimiento y el tuyo. Los pensamientos no son la realidad, sino interpretaciones de esta. Tú no eres tus emociones, sino quien tiene constancia de estas. No actúes con ira, simplemente observa cómo se expresa en tu cuerpo en forma de sensaciones y acompaña a la persona en su sufrimiento.

Vivimos anticipándonos, construyendo mentalmente cómo nos gustaría o cómo debería ser la realidad, esto es tener expectativas. Sufrimos porque no ocurre lo que esperábamos, o porque ocurre algo que no era lo esperado. La ansiedad es un miedo anticipatorio a un evento futuro, inexistente, puesto que solo existe este momento. Si habitas el presente y no te anticipas a los acontecimientos no hay sufrimiento por el devenir. Estamos continuamente condicionando la experiencia en vez de vivirla tal y como es. No esperes nada, y todo será bienvenido.

Interpretamos y juzgamos lo que ocurre como bueno o malo, reaccionando con alegría o tristeza respectivamente. Toda experiencia es una oportunidad para aprender y las cosas no son siempre lo que aparentan a primera vista. Un buen ejemplo de ello es la fábula del campesino chino -véase al final del artículo-.

Nos apegamos a todo aquello que nos produce placer, buscamos volver a experimentarlo una y otra vez o mantenerlo para siempre. Tratamos de evitar todo lo que nos produce displacer, no aceptamos aquello que no nos agrada. Todo lo que tiene en su naturaleza el aparecer, inevitablemente terminará desapareciendo. Todo lo que nace, muere. Es la ley de la naturaleza, es la ley de la impermanencia. Es natural que nos duela cuando fallece un ser querido, no obstante: Dolor x Resistencia = Sufrimiento. Aceptación no es sinónimo de resignación. Aceptación es no oponer resistencia al transcurso de los acontecimientos, a la realidad tal cual es. En esta vida todo llega y todo pasa.

El Buda nació y murió, y lo hizo difundiendo sus enseñanzas cognitivas a millones de personas. Sorprendentemente hoy en día somos tan afortunados de tener acceso a estas enseñanzas, a las prácticas mediante las cuales podemos ser conscientes del funcionamiento de nuestra mente. Mindfulness es una herramienta universal, no teísta,  que proviene de la psicología budista y te permite comenzar a recorrer tu propio camino de liberación del sufrimiento. Podemos dejar de ser personas desdichadas y comenzar a vivir plenamente. Nosce te ipsum – “conócete a ti mismo”.

 

-Fábula del campesino chino-

NUESTRA FICTICIA INMORTALIDAD

NUESTRA FICTICIA INMORTALIDAD

Si te miras en el espejo eres capaz de reconocerte, día tras día. Te señalas y dices: “ese soy yo”.Espejo calavera 1 Sin embargo, cada día millones de nuestras células mueren y otras nacen, estamos en constante cambio. Seguramente no tengas la misma apariencia que hace unos años y, lo quieras o no, la imagen que hoy ves reflejada de ti no será la misma que verás conforme pase el tiempo. Pero, ¿qué es el tiempo?

Tendemos a dividir el tiempo en tres posibles momentos: pasado, presente y futuro. Ahora bien, no experimentamos estos tres momentos de la misma forma. Tenemos experiencia del pasado a través del recuerdo, es decir, trayendo al espacio de la consciencia pensamientos sobre hechos que se dieron en algún momento. A su vez, experimentamos el futuro a través de pensamientos o imágenes mentales sobre hechos que aún no han tenido lugar. El presente es lo que está sucediendo en este preciso momento. La pregunta es, ¿puedes vivir en un momento que no sea en este momento? Es decir, ¿puedes vivir en el pasado o en el futuro?

El pasado y el futuro son creaciones mentales, conceptos que hacen referencia a pensamientos sobre hechos que no están teniendo lugar. El único momento que puedes experimentar es el aquí y ahora. Vivimos en un presente continuo. Todo pensamiento aparece y desaparece en el espacio de tu mente y esto ocurre en el presente, que es lo único que hay. Tú eres el resultado de lo que has ido viviendo momento a momento, estás en constante cambio, pero el cambio siempre se da ahora.

Aun con todo esto, nos cuesta mucho ver el cambio en nosotros mismos ya que pasan los días y pareces ver cada mañana a la misma persona en el espejo. Esto nos da cierta sensación de permanencia, de que vamos a estar siempre ahí. Sin embargo, si hay una cosa que sé del futuro es que voy a morir, o mejor dicho, que estoy en un proceso de morir. Vida y muerte no son cosas separadas, ambas se están dando en este momento. Células naciendo, madurando y muriendo.

No es mi intención ser trágico, sino ver las cosas tal y como son. Rechazamos la muerte, la negamos, pero está ahí, la vida es finita. Cuanto antes interiorices esto antes empezarás a valorar cada minuto de tu vida. Pregúntate si estás dedicando tu vida a lo que realmente te llena, el tiempo se escapa entre los dedos y no vuelve nunca. Trata de hacer lo posible por sentirte bien y hacer que los demás se sientan mejor, no vale la pena estar triste. No vivas esperando a que algo ocurra, todo llega a su debido tiempo y todo pasa, aprende a soltar, a desprenderte amablemente de lo que acaba. Y sobre todo, no pierdas el tiempo con pensamientos sobre lo que fue o lo que está por llegar, sólo son pensamientos, vive el presente, es lo único que tienes.

¿QUIÉN ERES? ¿REALMENTE ERES LO QUE CREES QUE ERES?

¿QUIÉN ERES? ¿REALMENTE ERES LO QUE CREES QUE ERES?

El ego es la imagen que tenemos de nosotros mismos, cómo nos vemos y cómo creemos que los demás nos ven. Lo vamos construyendo desde el momento en que tenemos consciencia de un Yo (self). Desde muy pequeños comienza a forjarse nuestra personalidad, nuestra forma de ser, cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con lo que nos rodea.

La familia, los amigos, la educación, la política, la religión y la televisión entre otras, nos configuran. El self es nuestro sistema operativo, percibimos e interpretamos la realidad a partir de este software. Se va actualizando segundo a segundo con nuevos programas que determinan cómo reaccionamos ante los estímulos y situaciones del ambiente.

Funcionamos en términos de “si tal… entonces…”. Si me critican entonces me enfado; si suspendo el examen me pongo triste; si las cosas salen como esperaba entonces me alegro. Vivimos en gran medida condicionados por las circunstancias y experiencias que vivimos. Habitualmente nos sentimos bien o mal dependiendo de nuestra interpretación de si lo que nos ocurre es bueno o malo.

Ahora bien, no se ha encontrado en todo el cerebro ningún área donde se localice el Yo. Por decirlo de otra manera, el Yo es un concepto, un pensamiento, una creación mental. Vivimos identificados con un Yo que no existe, con una idea en nuestra cabeza que distorsiona nuestra visión de la realidad.

No somos ningún ente inmutable con unas características rígidas, bien definidas. Somos un proceso en constante cambio. Podemos intervenir en nuestra forma de relacionarnos con todo, podemos modificar cómo reaccionamos ante lo que nos ocurre. Lo que piensen los demás tiene la importancia que tú le quieras dar.

Puedes seguir viviendo en piloto automático, con tu software actualizado a la última versión, o puedes elegir vivir conscientemente. Date cuenta de cuando estás alterado y pregúntate por qué lo estás. Cada vez que algo te afecte respira antes de reaccionar con la programación habitual, date unos instantes para observar tus sensaciones corporales, tus emociones, tus pensamientos. Tú no eres tus pensamientos, tú no eres tu emoción, tan solo son estados transitorios de la mente, no te apegues a ellos. Respira hondo y suelta.

No seas un programa, se tú mismo.

¿Qué sentido tiene tu vida?

¿Qué sentido tiene tu vida?

No elegiste vivir. Afortunadamente ahora tienes la oportunidad de elegir cómo quieres vivir la vida que te ha sido dada. ¿Por qué haces lo que haces? Atender a las responsabilidades, dedicar tiempo para formarte, trabajar por dinero, gastártelo. ¿Cuál es la motivación que te impulsa a seguir? ¿Hacia dónde te diriges? En definitiva, ¿qué sentido tiene tu vida?

Paco de Lucía

El sentido que le damos a nuestra vida está muy relacionado con los valores personales, con aquello que realmente tiene importancia para nosotros. Y hablando de cosas importantes, ¿sabes esa actividad en la que pierdes la noción del tiempo?, en la que apenas pasan pensamientos por tu cabeza, cuando simplemente fluyes. Puede que sea tocar un instrumento, dibujar, viajar, leer, enseñar o quizás ayudar a los demás. Estas actividades están relacionadas con nuestros valores, son las que nos hacen levantarnos cada día de la cama.

Muchos de estos valores aún están por descubrir. Tenemos un gran potencial y a veces tan sólo es necesario mirar hacia dentro, conocerse un poco mejor para ser conscientes de lo que realmente valoramos y así, dedicar todo nuestro esfuerzo en aquello que da sentido a nuestra vida. De esa forma nos sentiremos plenos, haciendo lo que está en sintonía con nosotros mismos.

En el extremo opuesto se encuentra el vacío existencial. La carencia, o más bien desconocimiento de un significado vital. Si con frecuencia te ves hundido en el sofá de tu casa, saciado de entretenimiento televisivo insustancial y sin saber qué hacer para escapar de un aburrimiento aparentemente inextinguible, quizás sea el momento de plantearte hacer algún que otro cambio en tu vida.

Por mi parte, mindfulness me ha permitido darme cuenta de lo que es realmente importante para mí. Aliviar el sufrimiento inherente a todo ser humano, participando en la mejora de la consciencia colectiva. Esta es la razón por la cual practico meditación y escribo este blog. Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo.