Incrementa la productividadNos pasamos la vida intentando alcanzar metas, esforzándonos por conseguir objetivos cuya consecución supuestamente nos dará la felicidad. A estas alturas ya habrás comprobado que esto no funciona exactamente así. Seré feliz cuando me regalen el coche teledirigido, cuando acabe la selectividad, cuando consiga trabajo, casa propia, pareja e hijos, la tele grande, cuando mis hijos acaben los estudios, cuando encuentren trabajo… ¿ves por dónde voy? Estamos constantemente proyectándonos al futuro.

Vivimos en un presente continuo, solo existe este momento. Nunca te vas a encontrar viviendo en pasado o en futuro, esos tiempos los experimentas a través del pensamiento. Por lo tanto, lo que estás viviendo ahora mismo es todo lo que hay. Todo lo que no se encuentre en tu experiencia del momento actual no está en ningún otro lugar, porque no existe ni otro tiempo ni otro espacio. En conclusión, si la felicidad no está aquí y ahora, no está en ningún sitio.

Si algo quieres conseguir, es que algo te falta. Si siempre estás buscando, siempre estarás incompleto. Tú eres un ser perfecto tal y como eres, lo que ocurre es que se te ha olvidado. O más bien, te han enseñado a necesitar tantas cosas que siempre habrá algo más por conseguir, algún sitio al que llegar o cierto estado que alcanzar.

Te propongo un cambio de paradigma. Sustituir objetivos por aspiraciones. Los objetivos hacen referencia a posibles estados futuros de todo o nada, es decir, o se consiguen o no se consiguen. Están mayormente relacionados con anhelos, placer, dinero, objetos materiales, reconocimiento, fama, etc. Una vez que se llega a ese estado -si se consigue alcanzar, claro- pierde su valor, ya que se desea lo que no se tiene, y entonces se quiere conseguir otra cosa. «Hacer» como un medio para conseguir algo, la importancia recae en el resultado.

Las aspiraciones se relacionan con los valores personales. Como por ejemplo el servicio a los demás, el arte, el ejercicio físico, viajar, las relaciones interpersonales, adquirir conocimiento, etc. Más que un lugar al que llegar, son una dirección en la que caminar. Son una guía, una orientación a seguir. Acciones que dan sentido a tu vida en el momento en el que las llevas a cabo. «Hacer» por el mismo placer de hacerlo. La importancia mora en el camino no en la meta, ya que no hay ningún lugar ni estado que alcanzar. Uno está completo en cada momento, no hay nada que cambiar.

Reflexiona sobre tus objetivos y metas actuales. Investiga el origen de éstas, la motivación que las sostiene. Si estás tratando de cubrir necesidades ficticias o sacrificando tu presente por un futuro mejor, esbozado en el espacio de tu mente. Busca dentro de ti lo que realmente valoras, lo que te hace sentir pleno y da sentido a tu vida. Comprueba si puedes comenzar a caminar ahora mismo en esa dirección. “Todo lo que no está aquí no está en ningún sitio” –extraído de un texto antiguo.